La inteligencia artificial no piensa. El cerebro tampoco.

El filósofo y médico Miguel Benasayag —de quien, hasta este libro, no tenía ni idea de su existencia—, junto a su amigo, el ensayista e investigador Ariel Pennisi, discuten en forma de diálogo qué es y qué no es la inteligencia artificial. Este es un libro que he recomendado a muchas personas del ámbito de la tecnología y el desarrollo de software. Sin embargo, es un texto con una densidad teórica que puede dificultar la lectura y la comprensión de nuevas ideas si no se tienen claros algunos conceptos previamente. Benasayag y Pennisi utilizan estos conceptos como herramientas para construir sus argumentos. En esta ocasión, además de comentar sobre el contenido del libro, quiero desarrollar y aclarar —en la medida de mis posibilidades— algunas ideas que pueden contribuir a una lectura más enriquecedora y, sobre todo, movilizante.

Benasayag sostiene que la humanidad vive una pesadilla al aceptar el paradigma algorítmico de lo neuronal: si todo es neuronal y todo lo neuronal es algorítmico, entonces todo —incluido el ser humano— puede reducirse a algoritmos. Esto implica equiparar al humano con la máquina, algo que Benasayag y Pennisi rechazan. Para ellos, lo vivo posee una singularidad irreductible, basada no en la cantidad de información que procesa, sino en el principio orgánico de autoafectación: la capacidad de afectarse a sí mismo y al entorno de manera dinámica, algo que las máquinas no pueden imitar. Un ejemplo de autoafectación es cuando nos pinchan con una aguja y sentimos dolor. El dolor no tiene forma de aguja, o cuando comemos miel, la miel no es dulce sino que activa un proceso de autoafectación que llamamos fenómeno del gusto. No se trata de partes simples que agregándose hacen emerger un nivel más complejo, porque 'las partes y los elementos están siempre capturadas, existen según un modo complejo.

Esta idea de la doble captura es otro concepto clave para entender su postura frente a los enfoques reduccionistas, como los modelos bottom-up, que intentan explicar la mente o la inteligencia a partir de la suma de partes simples. La doble captura se refiere a la interdependencia y co-evolución de los sistemas complejos, donde cada uno influye y es influido por el otro. Si tomamos una célula nerviosa como una neurona, por ejemplo, nunca es una unidad básica o aislada. Las partículas que la componen están constituidas por una complejidad intrínseca sin la cual el comportamiento y las operaciones que realiza no serían posibles. Es por esto que para los autores la mente emerge de las interacciones, pero no de las sumas. Esto noción surge a partir de la idea de los sistemas complejos, donde cada miembro de la red es una red compleja. De ahí es que ellos denominan a esta idea doble captura: complejo/complejo. Esta complejidad inherente hace que sea imposible replicar la mente o la inteligencia mediante algoritmos o la combinación de sistemas artificiales más simples.



La complejidad/complejidad de los organismos vivos resulta de un principio físico fundamental en la biología: la neguentropía. Se trata de lo opuesto a la entropía —no se alarmen, en este blog se respetan las leyes de la termodinámica—. Los sistemas vivos mantienen y su orden interno a expensas de la energía del exterior. Esta es la razón por la que nos alimentamos. Producimos un desorden en la frontera exterior a nuestro sistema orgánico para mantener la organización interna en balance. Supongamos que nos cortamos la piel al rayar una zanahoria. Nuestro organismo tiene la capacidad para recuperarse de este daño. Tenemos la capacidad de mantener nuestra estructura a pesar de los cambios en el entorno. Y si no es posible, también somos capaces de adaptar el entorno. En cambio, los sistemas entrópicos o no-orgánicos solo pueden degradarse y son dependientes de la organización externa. A pesar de consumir energía para funcionar no lo hacen para regenerar sus circuitos, sino para funcionar temporalmente.

A modo de conclusión, pienso que estamos más atravesados que nunca en relación a lo que hemos decidido llamar Inteligencia Artificial. Es el momento para discutir entre todos qué es lo que queremos hacer. Una de las ideas que aportan para la crítica política los autores es la propuesta de considerar la hibridación tecnológica. La tecnología nos constituye como seres sociales y como especie histórica. Tenemos la posibilidad de co-hibridar pero sin que esto implique reducirnos a partes de una máquina, como diría Marx. Sino que nos puede ayudar a explorar nuevas posibilidades dentro de la existencia humana. Tal vez sea posible pensar en una hibridación decolonial y de una ciencia humana más que de una tecno-ciencia maquínica.

Este es uno de los libros más complejos que he leído hasta ahora. Resulta, también, que es un libro muy corto. Quedé fascinado con Miguel Benasayag como pensador y escritor. Creo que las ideas que he expuesto en esta ocasión serán de ayuda para disfrutar del texto tanto como lo hice yo. Buena lectura.

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