Mono renegado

El problema del millón de monos

El monkey typing es la idea que nace de llevar al absurdo la probabilidad y la estadística. Se puede resumir así: "Un millón de monos presionando aleatoriamente las teclas de una máquina de escribir, con el tiempo suficiente, y por efecto de la probabilidad, escribirán las obras completas de William Shakespeare".  O dicho de otra forma, cualquier texto creado por el ser humano puede ser producido de manera aleatoria por simios oficinistas en un tiempo infinito. A pesar del absurdo de esta idea, el monkey typing también es una técnica de testeo de software. Se le pide a un sistema que genere caracteres aleatorios y los ponga como entrada de otro sistema para probar la fiabilidad de este.
 
Otra de las funcionalidades más interesantes es la de generar texto aleatorio de tal modo que el sistema puesto a prueba colapse por el sin sentido o por la gran cantidad de datos de entrada.  
 
Parece ser que este mundo fue producido por monos oficinistas neoliberales. Producen todo tipo de nuevas ofertas, oportunidades, apps, juegos, criptos. Muchas fracasan pero a veces producen una obra maestra.  En definitiva así es cómo se ha constituido este mundo nuestro, el  del capitalismo tardío. Por pura prueba y error. Por cada emprendimiento exitoso hay otros tres o cuatro que antes fracasaron, si no es que la relación es mucho mayor. Un verdadero monkey typing de los negocios.

Algoritmos conductuales

¿Qué pasa con la vida personal? Por supuesto que no es pura prueba y error. Algo de planificación racional hay, o debe haber. Aunque tal vez todos creemos firmemente en el sujeto racional. Creemos en el humano que toma decisiones fundamentadas que lo pondrán delante de la mejor oportunidad. Si la modernidad tuviera una frase que la definiese yo propongo esta ‘de omnibus dubitandum est’ del filósofo y teólogo Søren Kierkegaard. Realmente creemos que hemos meditado acerca de todo. ¡Ah! ¡Pero qué agradable fantasía!
 
Está bien, no es necesario ser cínico. Bien sabemos que podemos actuar a veces de formas irracionales. Pero también está contemplado dentro del esquema general de una sociedad que tiene mecanismos para contrarrestar las potenciales acciones irracionales más destructivas. El problema está en que la misma sociedad no sólo contiene los mayores desequilibrios sino que los gestiona.     
 
Shoshana Zuboff en su libro ‘Capitalismo de la vigilancia’ argumenta que los sistemas informáticos actuales tienen como input los datos producidos por la experiencia humana. Los sistemas informáticos que utilizamos a diario capturan las interacciones que realizamos no sólo para producir una respuesta de salida, sino para predecir la que tendremos. Así los algoritmos se alimentan de nuestro comportamiento  aunque también lo moldean a través de procesos de castigos y recompensas. El actuar ahora es, además de predecible, modificable. Zuboff los llama ‘futuros conductuales’. Existe todo un mercado que tiene como clientes a agencias de Estado y compañías muy interesadas en predecir y en adaptar nuestras conductas futuras. Y los sistemas como redes sociales tienen bien aceitado el proceso.
Espero hacer un resúmen más elaborado del libro, de momento me interesa tomar esa parte.

Narrativa personal

Si tenemos en cuenta que una parte de las decisiones que tomamos no son racionales. Dicho de otra forma, no nos guíamos tanto como creemos en la duda metódica. Entonces hay algo de inesperado, de aleatorio en el actuar. Ese fragmento que no podemos expresar en una serie de pasos que otro sujeto puede reproducir y llegar al mismo resultado. Eso que nos lleva a considerar ir a una consulta con un psicólogo. Parece que escapara a los algoritmos, a la gestión neoliberal de nuestros deseos. Lo cierto es que los sistemas informáticos están cada vez más especializados en nuestras preferencias, gustos y sesgos. Especializados de una manera que son capaces de individualizar y producir exactamente lo que Sol quiere escuchar pero no es lo mismo que Belén en Spotify o YouTube.
 
La experiencia interior de la vida es única y también es problemática porque necesitamos un marco común de referencia para transmitir lo que nos ocurre. El sistema actual nos facilita muchísimo la expresión de esta experiencia interior. Contamos con posibilidades novedosas de exposición y expresión a través de las redes sociales, foros especializados, servidores de discusión y tantos otros que no podría ni categorizar bien. O si no existe todavía también podemos ser los creadores del contenido que exprese esa experiencia única. Claro que siempre y cuando esté dentro del esquema general de los sistemas ya existentes.   
 
Aunque el problema sigue sin ser resuelto. Todas las expresiones estarían gestionadas. Hasta producidas intencionalmente. ¿Cómo escapamos? ¿Cómo desplegar la narración de nuestras vidas sin ser cooptado por estos sistemas?

Hacer silencio

Mi propuesta no es la del artista que desarrolló unos dispositivos de red que generaban tráfico aleatorio para ‘confundir’ a los algoritmos. Como una especie de monkey typing llevando el concepto a un absurdo aún mayor. Ya que hace más de medio siglo tenemos la herramienta matemática para eliminar el ruido de la información.
 
Golpear el teclado con la cabeza sólo alimentará al algoritmo y nos quedará el dolor. La narrativa personal no se puede describir en un contexto donde todo lo que hacemos es input de un sistema. La experiencia interior es un acontecimiento inenarrable. Y eso es exactamente lo que propongo: no narrarlo.
 
También podemos experimentar como lo hizo Kierkegaard utilizando seudónimos, máscaras, personajes, múltiples autores. Propongo escaparnos de la fijación de un sujeto gestionado y producido por los algoritmos. La narración de nuestras vidas hace tiempo que dejó de ser un acontecimiento privado. Pienso que el silencio y la multiplicidad pueden ser un espacio abierto. Propongo ser el simio que dejó de teclear y debe ser apartado del sistema.


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