Los fantasmas de mi vida
Este libro es una colección de artículos publicados por el autor en diferentes medios, principalmente en su blog k-punk. La elección para la edición que leí tiene diferencias con el original. La editorial decidió cambiar algunos artículos por la cantidad de referencias culturales del contexto de Reino Unido que en el mundo hispanohablante no son tan conocidos o simplemente no ayudan al lector a seguir el objetivo del autor. Para mí es un libro que acompaña o continúa al anterior de Mark Fisher 'Realismo capitalista'. Mi interpretación de esta colección es que reúne reflexiones y ejemplos a partir de Realismo Capitalista. Es como si hubiese continuado esa investigación pero ahora desde una perspectiva subjetiva, desde su sentir y de producciones culturales como la música y sus artistas.
La música es el punto de partida de casi todas las reflexiones del libro. Al leerlo iba haciendo pausas para escuchar las bandas y las canciones que menciona. Fisher se toma su tiempo para comentarle al lector lo que sentía al escuchar esas bandas. Por ejemplo se toma casi dos capítulos para comentar acerca de la historia de Joy Division y su cantante Ian Curtis. No es una biografía ni un recorrido minucioso sino una reflexión sobre las condiciones subjetivas a las que estuvieron sometidos los miembros de la banda. A veces me preguntaba por qué tanto esfuerzo en comentar sobre música. Pero hacia la mitad del libro entendí el porqué. Uno de sus puntos es mostrar que la música es mucho más que una juglaría. Es una experimentación permanente que puede expresar el sentir de las capas sociales subalternas. También porque las letras de las canciones, para Fisher, reflejan en muchos casos conductas de rebeldía contra la dominación de la subjetividad y la alegría. Para Fisher la música que él denomina popismo es una expresión completamente ideológica de la cultura del consumo elitista. La música pop es por definición anti sistema. Una canción de reggeaton que hable sobre el placer sexual de una mujer por tener muchos amantes es percibida como una bajeza o puede ser calificada como una soez porque hay una valoración moral previa. Esa disonancia en el oído elitista es lo contestatario.
Al leerlo sentí que el libro es como un laberinto de argumentos, algunos tenían salida y otros eran un circuito que sólo se disfrutaba al leerlos aunque no llegasen a una conclusión potente. Creo que esto ocurre porque son artículos de un blog. Su propósito no era construir un todo sino una composición de partes relacionadas. En otros capítulos sentí que eran un esfuerzo inútil. Es que se plantea más como si se trata de un diálogo con un amigo que un ensayo estructurado. El argumento que destaca y es al mismo tiempo sobre el que se van uniendo el resto de piezas es el de la cancelación de los futuros. Intentaré resumir las ideas que fueron surgiendo mientras lo leía.
¿Cómo imaginamos el futuro? ¿Cómo se imaginaba el futuro en el pasado? Muchas series de las décadas de 1950 y 60 como perdidos en el espacio o Star Trek construían experiencias estéticas y culturales que jamás habían existido con anterioridad. Cuando se crearon estas series se intentaba imaginar cómo sería el futuro; pero principalmente en crear activamente conceptualizaciones que se adelanten al futuro, es decir, que lo anticipen creativamente.
Es frecuente encontrar productos como videojuegos o música, especialmente en el cine, que evoca estos futuros que nunca llegaron. Son futuros cristalizados, como artefactos endurecidos a los que podemos referir con características distinguibles pero no alcanzadas. Nunca llegamos a saber a qué habrían llevado. Podemos pensar en la tecnología imaginada en los años de posguerra y cómo esta afectaría al futuro de la civilización. Mark Fisher se refiere principalmente a la anticipación del futuro que se dejaba ver a través de la música.
En términos del autor el futuro ha sido cancelado. Para entender el desarrollo filosófico de Mark Fisher es importante comprender un concepto desarrollado por Jacques Derrida: la hauntología. Esto es un juego de palabras entre 'haunted' en inglés y 'ontologie' en francés. Esto es que nunca nos encontramos con las experiencias estéticas completamente presentes frente a nosotros. En todas nuestras experiencias el presente siempre está mezclado con el pasado y el futuro, está definido (ontologie) por algo ausente (haunted). Solo podemos dar sentido al presente comparándolo con el pasado y anticipando el futuro a partir de él. Cuando estamos escuchando música solo oímos una nota aislada, es lo único presente. En sí misma la nota no tiene valor ni cualidades melódicas. Para que tenga sentido se debe mezclar constantemente la nota presente con las notas que ya no estamos oyendo y las notas que estamos anticipando. La melodía nunca está presente sino que emerge a partir de una interacción del pasado, presente y futuro.
Todas nuestras experiencias son hauntológicas. Están encantadas/embrujadas (haunted) por espectros que no están presentes; nuestra experiencia es fantasmal, porque no está completamente presente y sin embargo es real. Fisher utiliza el término hauntología en el contexto de la crítica cultural. En un modo paradójico intentamos revivir nuestras anticipaciones del futuro yendo hacia atrás en el pasado.
Según Fisher a causa del neoliberalismo hemos alcanzado un impasse cultural. Parece que ya no somos capaces de anticipar el futuro. El neoliberalismo nos demanda soluciones rápidas, resultados efectivos, lo que nos obliga a repetir modos y formas ya pre establecidas que han demostrado resultados comerciales. Si bien es cierto que la tecnología no ha dejado de desarrollarse y que incluso se está acelerando. Hay una diferencia crucial: en el pasado la tecnología daba lugar al surgimiento de nuevas formaciones culturales.
En la década de los 80 el teórico Frederic Jameson cuestionó la cultura posmoderna prediciendo que sería cada vez más característico de la cultura la revitalización del pastiche y de las viejas formas culturales. Para Jameson hemos desaprendido la creación del futuro. Parece que ya no somos capaces de imaginar ni de anticipar el futuro. La ironía es que tratando de revivir y recapturar la desaparición de una esperanza por el futuro, retornamos al pasado tratando de redescubrir como el pasado imaginaba el futuro, sufrimos de una nostalgia por el futuro. El ejemplo que da Fisher de esto es del personaje Leonard de la película Memento. Al igual que en la película sufrimos de amnesia anterógrada: Leonard vive en el presente pero es incapaz de formar nuevos recuerdos.
Actualmente vivimos saturados de nostalgia por los 80 y los 90. Estamos más a gusto reviviendo el pasado que anticipando el futuro. La nueva tecnología se especializa en imitar y el emular la tecnología antigua. Vivimos consumiendo lo retro en high definition. Los espacios creados por la tecnología no dejan lugar a lo nuevo porque lo actual no decae. El ciberespacio es un lugar que no puede morir ni descomponerse.
La correlación con un futuro que no llega es la de un pasado que no se va. Las formas culturales que no se pudren ni corrompen son formas que no dejan lugar a lo nuevo. El resultado es una cultura desactualizada pero inmutable, un mundo atrapado en el tiempo anhelando los recuerdos de un futuro que ha sido cancelado.
El libro lleva como subtítulo 'escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos'. La depresión a la que refiere Fisher es la que se sufre por la incapacidad de adaptación a la sociedad de mercado. Pero no es el desasosiego por imposibilidad de luchar. Mark Fisher se quitó la vida debido a que sufría de depresión. El prólogo en la versión en Español dice que es una nota de suicidio. Yo no lo veo igual. Es más bien un diálogo íntimo de lo que sentía Mark Fisher. Tal vez porque al ser un libro tan subjetivo se presta para que yo pueda dar más mi versión que con otros ensayos. El libro termina proponiendo que podemos recuperar esos futuros y terminar de experimentarlos, sólo superando el estancamiento producido por el neoliberalismo.

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