La época de las pasiones tristes

La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor, de Françoise Dubet.

Contexto

A pesar de estar centrado en estudios sociales hechos en Francia y otras regiones de Europa este ensayo da en el clavo en lo que intenta comunicar. Esto es el tránsito de las desigualdades de clase al régimen de las desigualdades múltiples. Habría pensado que es otro ensayo muy eurocéntrico del que poco puedo llevarme para reflexionar en mi contexto argentino y sudamericano. Pero el autor no asume posturas fijas sino que cuando utiliza un estudio o estadística expone claramente el trasfondo para que el lector pueda apreciar si es un estudio que podría encontrar plausible aquí o debería ser matizado. Más allá de esas sospechas que me despiertan los autores extranjeros, sobre todo europeos, el ensayo le pone nombre y apellido a lo que estamos viviendo en la actualidad. Aporta muchos recursos conceptuales respaldados con evidencia empírica para entender los movimientos políticos actuales y cómo se relacionan con los problemas individuales.



Es un hecho que todos podemos constatar acerca del estado de la política actual. En las últimas elecciones los candidatos de derecha populista han tenido un desempeño excelente llegando a los cargos más altos. Prometen más libertad individual y más disciplina para los otros. Más grados de libertad pero también más autoridad pública que nos proteja de la libertad ajena. La paradoja es que cuanto más se cree en la igualdad de oportunidades más se vota a la derecha y más se aceptan las desigualdades. Son las pequeñas desigualdades las que resultan determinantes en el sentir político. Las grandes desigualdades tienen una dimensión tal que se vuelven abstracciones conceptuales. Las fortunas de los ultra ricos están en un orden de magnitud que se nos hace difícil comprenderlo dentro de los términos de nuestra vida cotidiana. Aunque son estas desigualdades las que más afectan la organización política y económica al parecer no son las que nos indignan. Somos más sensibles a las pequeñas desigualdades con los que nos rodean en lugar de indignarnos con las fortunas concentradas en el 0,01% de la población. Así vemos una amenaza en nuestro vecino que recibe algún tipo de protección social pero es una la que no tengo acceso, entonces me siento en desigualdad o discriminado. El malestar que surge a partir de los círculos sociales se da por las pequeñas diferencias y no por las discriminaciones totales: tenemos acceso a la salud, pero no todos tenemos el mismo tipo de servicios de salud. Tenemos acceso a vacaciones pero no todos podemos acceder al mismo tipo de destinos turísticos. Dubet da algunos ejemplos muy interesantes: las mujeres reciben compensaciones salariales de alrededor del 20% menos que los varones por los mismos puestos sin considerar la carga de trabajo doméstico y de cuidados. Pero las mujeres viven seis años más que los hombres, sufren menos accidentes en la ruta, llegan a mayores grados de educación y son menos propensas a ser encarceladas. Entonces las desigualdades tienen que ser estudiadas como una tabla de varias dimensiones, lo que resulta en una infinidad de desigualdades. Estamos frente a un problema sociológico y político. Este ensayo investiga esas dimensiones.

Del régimen de clases al régimen de las desigualdades múltiples

Para entender este nuevo régimen de desigualdades múltiples primero hay que entender por qué el autor considera que de la sociedad de clases no es un modelo que explique lo que ocurre actualmente. El régimen de clases sociales nace junto con la sociedad industrial: aparece la clase obrera industrial y una clase capitalista dueña de esas industrias. Los obreros sólo tienen su fuerza física para vender y los capitalistas los medios de producción. En este nuevo régimen ya nadie se define a partir de su nacimiento y su rango, por eso la posición en relación al trabajo resulta determinante. A diferencia de la sociedad estamental, la igualdad está soportada por un marco moral y político. Esto provoca que las desigualdades se vuelven más fuertes e intolerables. Podemos decir que las clases sociales nacen del choque entre igualdad democrática y la división del trabajo capitalista. Este modelo político-social de clases sociales provoca una lectura totalizante en relación a las desigualdades, porque la sumatoria de las desigualdades da un conjunto que la explica, propone políticas, crea juicios morales y movimientos sociales. Las otras desigualdades quedaban en un segundo plano y terminaron incluso por desaparecer en beneficio exclusivo de la desigualdad que importaba, la de clase. En el régimen de clases las pruebas individuales estaban inscriptas en apuestas colectivas, en cierto sentido, anónimas. Françoise Dubet considera que el agotamiento del régimen de clases es una de las consecuencias de las mutaciones del capitalismo mundial. Si bien la clase obrera nunca tuvo la unidad que se le atribuye, dice Dubet, el trabajo obrero se transformó con la producción just in time, por la economía uberizada y por el management efectivo, lo que provocó una multiplicidad de tipos de trabajadores que no se reconocen así mismos por la subjetividad del obrero de la era industrial. Por lo que apareció dentro del capitalismo posmoderno una nueva capa de trabajadores no obreros, de servicios, independientes y cuentapropistas.

La categoría de clase social se difracta en una serie de mercados económicos y mercados laborales que hace mucho más difícil recrear ese modelo totalizante de desigualdad que subsumía a las otras desigualdades. Esta dispersión de las condiciones de vida se acentúa debido a la desestandarización de las trayectorias vitales. Una trayectoria tradicional de un obrero estaba dada por períodos de tiempo de vida dedicados al estudio, luego al trabajo, al matrimonio, a la reproducción, retiro o jubilación. En la actualidad hay menos posibilidades de tener una trayectoria de vida estándar. Es más difícil conseguir trabajo, las carreras académicas toman más tiempo y requieren de mayor especialización para ser un factor en el desarrollo profesional. Las parejas se forman de manera tardía en relación a las posibilidades de reproducción y no está claro si es posible algún día acceder a la jubilación sumado que ahora vivimos más años. Por esto y más es que Dubet sostiene que el modelo de clases no es suficiente ni es actual para explicar la realidad de la sociedad. Los propios individuos están cada vez más desvinculados de una desigualdad que los agrupe y de la cual se sientan parte. Lo que lleva a una crisis de los partidos políticos que dicen representar a la clase trabajadora. A lo largo de la historia los partidos socialistas fueron perdiendo capacidad de representación. 

El resentimiento y la paranoia

Cuanto más se cree en la igualdad de oportunidades, más se vota a la derecha y más se aceptan las desigualdades. Pero al mismo tiempo se es más pesimista con respecto a perder cualquier privilegio percibido como justo. La frustración y el resentimiento de injusticia se transforman en resentimiento cuando no tienen cabida en ningún relato social capaz de darles sentido y designar adversarios y razones para esperar algo mejor. Internet multiplica los testimonios del estilo paranoico. Para Françoise Dubet esto ocurre porque las transformaciones del capitalismo diluyeron las relaciones de dominación que se intensificaron progresivamente con el funcionamiento de un sistema ciego y sin actores: las finanzas, el mercado, el neoliberalismo, las tecnologías. Aunque para algunos llevan nombre y apellido, lo cierto es que estas relaciones de dominación no dependen de un individuo sino de la estructura social que promueve este tipo de jerarquización. Surge entonces una explicación simple para el resentimiento: la infelicidad proviene de una causa única y oculta, pero cuyo poderío se revela con múltiples signos para quien sabe reconocerlos. En este contexto surgen cada vez más grupos que crean relatos de sospecha y conspiración. 

Las consecuencias de este pasaje de la indignación al resentimiento es la transformación de un voto social en un voto identitario. Las representaciones de la solidaridad se desmoronan al alejarse el régimen de clases sociales por el régimen de desigualdades múltiples. Como el sistema de las políticas sociales y de los múltiples dispositivos para combatir las injusticias no me tienen como objetivo, es decir, no me veo directamente beneficiado, entonces soy discriminado. Es más complejo realizar una lectura para un individuo resentido por ese desplazamiento, pero se ignora lo que se recibe y lo que se da. Sobre este disperso y resentido sujeto social se puede desarrollar una fuerza política populista de derecha. La economía moral del régimen de desigualdades múltiples invita a defender las libertades propias y la vez reforzar el aparato represivo.

La unidad de los líderes populistas es su estilo político: la indignación y la denuncia. Estos partidos se convierten en bancos de ira, el líder populista siempre está indignado, siempre enojado, siempre colérico. Nunca se sabe si es un rasgo de la personalidad un se trata de un papel político. Es fundamental movilizar las pasiones y personalizar el conflicto en la oligarquía, casta, elite o cuerpo político que se oculta detrás de las injusticias para conseguir un adversario sobre el cual dirigir el resentimiento. Así, dirá el líder populista, somos víctimas de mentiras y engaños que sólo él puede desenmascarar y confrontar. La indignación es un motor político esencial que debe ser alimentado. El populismo libertario es un pensamiento de derecha con lenguaje de la izquierda. Basta con estar a la izquierda al denunciar al capitalismo y a la derecha para estigmatizar la debilidad de las democracias.



Nos encontramos en una situación que no es transitoria ni excepcional. Estamos en una situación en que la experiencia de las desigualdades no encuentra expresión política o relatos que puedan constituir una superación histórica. Es cada vez más dificultoso remover el estancamiento demagógico al que lleva la indignación fragmentada. Desde un punto de vista económico la mayor incidencia surge de las grandes desigualdades. Pero desde el punto de vista subjetivo e individual son las pequeñas desigualdades las que tienen mayor peso. Estas impiden el desarrollo de acciones solidarias y de reconocimiento de la necesidad de políticas múltiples que no implican un beneficio directo en mi, sino en los otros.

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