El hombre postorgánico
En este ensayo Paula Sibilia argumenta que el paso de la sociedad industrial a la postindustrial trajo aparejado el cambio del sistema de disciplinamiento y de control, pasando de los estados nación hacia las corporaciones privadas. Es responsabilidad de las grandes corporaciones el gobierno y la producción de subjetividades. Pasamos de una sociedad que producía cuerpos sanos para llenar las fábricas, ejércitos y la burocracia estatal a una sociedad que produce consumidores. Los consumidores están en un estado permanente de autodescubrimiento de sí a través de los productos y servicios ofrecidos. La verdad se revela en la elección personal y no ya en la relación de producción. Otro argumento es el relacionado con la producción de verdades y las metáforas que atraviesa el pensamiento científico. Acusa dos tipos de metáforas. Una que tiene origen con la sociedad industrial y las máquinas a vapor y la otra con la sociedad de la información y la genética. Si el trabajo y el lenguaje eran lo propio del hombre, ¿qué queda cuando son los robots y las computadoras las que realizan el trabajo y tienen su propio lenguaje? ¿Cómo afecta la técnica y la ciencia actual a la construcción de metáforas sobre el hombre?
Pasamos de explicaciones dualistas cartesianas en donde el hombre era una máquina de válvulas, fuelles y palancas a una explicación centrada en la computación y el lenguaje de programación de los genes. La ciencia tenía como centralidad la búsqueda y revelación de la verdades enfocadas en alcanzar mayor libertad, salud y potencialidades humanas. Por supuesto que estos objetivos estaban encuadrados en la producción de trabajadores sanos y con la educación suficiente como para ingresar en las cadenas de producción industriales, en las filas de los ejércitos y en la gestión de las enormes burocracias estatales y privadas. La autora se sirve de una serie de metáforas del sociólogo Herminio Martins: el mito de Prometeo y la novela de Fausto. Según Martins es posible rastrear estas metáforas en los textos científicos aunque estos no lo pretendan. Inevitablemente las producciones científicas están atravesadas por una manera de decir y hacer la verdad. El mito de Prometeo habla de una ciencia cautelosa y limitada pero liberadora gracias al conocimiento científico. Este tipo de saber anhela mejorar las condiciones de vida a través de la tecnología. El desarrollo gradual y la acumulación de conocimientos llevaría a la construcción de una sociedad racional, capaz de erradicar la miseria humana. Con una profunda confianza en el progreso. Tiene una visión meramente instrumental de la técnica. Por otro lado la perspectiva fáustica (basada en el mito alemán Fausto donde el personaje principal hace un pacto con el demonio para acceder a conocimientos y placeres infinitos). Dice Sibilia:
De acuerdo con la perspectiva fáustica, entonces, los procedimientos científicos no tendrían como meta la verdad o el conocimiento de la naturaleza íntima de las cosas, sino una comprensión restringida de los fenómenos para ejercer la previsión y el control; ambos propósitos estrictamente técnicos.
A esto Sibilia llama la tecnociencia. Una tipo de ciencia que no tiene como objetivo la búsqueda de la verdad ni la revelación del universo. Sino la búsqueda del sometimiento de la naturaleza y la acumulación infinita de saber técnico. Es innegable que se nos antoje una similitud con el capitalismo actual. Es una ciencia al servicio de la técnica. Como se ve no son metáforas opuestas, pueden ser complementarias aunque en tensión. La ciencia prometeica se servía de explicaciones newtonianas de fuerzas que actuaban y de pesos que se ejercían. En cambio la perspectiva fáustica se sirve de las descripciones estadísticas browniana. Las propensiones y las tendencias deben ser leídas con atención para revelar verdades y saberes sobre los sujetos.
En este contexto surge sin sorpresas la idea de la limitación de lo humano. Se puede describir como un problema técnico a resolver la limitación orgánica del hombre. Las potencialidades de la informática se nos ofrecen como una superación del limitado cuerpo, lento, distante unos de otros, propensos a las enfermedades y sobre todo mortal. Mientras se va disolviendo el hombre-máquina de la revolución industrial se nos aproxima el hombre-computadora. En el ADN está escrito el código de la vida. Ahora manipulable y abierto a la experimentación. No hay más fronteras ni lugares sagrados para la tecnociencia. Más que nunca lo orgánico es un problema técnico. El hombre es post-orgánico. La metáfora de la mente-computadora opera como poderosa narrativa que nos permite explicar su funcionamiento como un asunto meramente informacional. Si la mente es información y procesamiento de datos entonces el cerebro es una limitación orgánica no sólo superable sino mejorable. La promesa es que la tecnociencia puede llevarnos a la inmortalidad, a liberarnos del yugo de lo biológico.
Quiero cerrar, como siempre y cuando es posible, con una pregunta: ¿Es posible existir sin cuerpo?

Comentarios
Publicar un comentario