De alemanes a nazis

De alemanes a nazis, de Peter Frizsche.

Este libro lo presentaría como una mezcla entre un texto de historia y un ensayo, diría que es una biografía colectiva. Trata de responder a la pregunta de cómo llegaron a ser parte del proyecto nazi la gran mayoría de los alemanes. 1914 es la fecha crucial que pone en movimiento enormes aspiraciones políticas. Las razones del triunfo del nacionalsocialismo deben buscarse tanto en el reino de las ideas y las lealtades políticas como en la convergencia de la crisis económica y militar. La guerra significó una revisión total de las imaginación nacional y combinó a sesenta millones de personas de maneras nuevas y en muchos casos peligrosas. También significó el final de relaciones y relatos que sostenían la idea del Reich, un pueblo (Volk) unido por la lealtad al Kaiser. La crisis social y económica vivida durante los durísimos inviernos de 1916-17 sumados a la falta de alimentos provocaron la pérdida de autoridad del Kaiserreich y la revisión de la relación de un pueblo dócil con el emperador. Las dificultades del Estado para sostener el esfuerzo bélico, más las lisas de bajas junto al hambre fueron medrando la capacidad del Reich de mantener dóciles a las fuerzas políticas que estaban activas previo a la guerra. Aparecieron organización que buscaban resolver las necesidades básicas por fuera de la gestión del Estado. Las relaciones de género, clase y de autoridad con la elite gobernante se vieron en una nueva perspectiva que dio impulso a un movimiento democrático imparable. El pueblo había empezado a forjar su propio destino nacional y económico.

La revolución alemana de 1918 suele estar hegemonizada por la visión los partidos socialistas de la época. Si consideramos cómo culminó ese momento tan agitado parece que los socialistas no sólo perdieron su lugar de centralidad sino que también colaboraron con una pésima gestión para el surgimiento con cada vez más fuerza de agrupaciones paramilitares y ultra nacionalistas. Los soldados que regresaban del frente se encontraron en sus pueblos y ciudades ahora dominados por partidos de izquierda con los que en general no tenían punto de encuentro. Si bien lo que cuenta el autor es que se identificaban con la simbología del desaparecido Reich tampoco pretendían un regreso al mismo. Pero mucho menos estaban dispuestos a participar de ese nuevo proceso revolucionario socialista. La aparición de grupos armados y violentos no fue tampoco exclusivo de la derecha nacionalista. Los comunistas se enfrentaban en las calles con sus rivales políticos y muchas veces terminaban con muertos en ambos bandos. Por otra parte las organizaciones sociales como clubes, coros municipales, bares e iglesias participaban en esa nueva vida alemana de la republica del Weimar, muchos de estos lugares de encuentro surgidos por las necesidades de la guerra también dieron lugar a nuevas maneras de hacer política. Los socialistas no lograron articular con estos espacios, los nacionalistas no sólo lo consiguieron sino que tomaron mucho de ellos para crear asociaciones más influyentes. Los nazis no se infiltraron en estos espacios, sino que los habitaban cómodamente.  La revolución de 1918 empezó con banderas rojas culminó en 1924 con la consagración de banderas con esvásticas en cada barrio obrero.




Para el año 1933 Hitler había recuperado la libertad y el control de su partido. Los nacionalsocialistas pasaron de ser un partido marginal aunque con mucho reconocimiento social a ser una de las primeras fuerzas políticas dentro de Alemania. La violencia posterior a 1918 se sostuvo con diferentes magnitudes de intensidad. Cada bando logró encontrar maneras de aprovechar políticamente y electoralmente cada uno de esos enfrentamientos. Sin embargo, la izquierda no pudo resistir a su propia fragmentación ni a su incapacidad de articular un programa que tuviera en cuenta los sentimientos nacionalistas de la época. Uno de los mitos o lugares comunes es referirse a la humillación sufrida por el Tratado de Versalles, para Peter Fritzsche esto no fue determinante para que los nazis crecieran en popularidad, sino el crack financiero de la bolsa de Nueva York de 1929. Arrastró a la población a una situación desesperada y con pocas o ninguna ayuda de un estado corrupto dio lugar al crecimiento de las frustraciones y la descomposición social. Los alemanes no querían volver a los años buenos del imperio, deseaban una Alemania unida y encontraron en partidos como el nacionalsocialista una visión de futuro que les daba esperanzas. Es cierto que el antisemitismo era un rasgo de esa época pero no fue esto lo que sedujo a las masas a votar por Hitler sino que fue el deseo de un líder fuerte, de los mejores días de 1914. La correlación entre la crisis y la búsqueda de alternativas políticas le dio fuerza a los nazis que en esas circunstancias ganaron los primeros adeptos diez años antes de la elección que puso a Hitler a las puertas de la cancillería. Otro asunto a considerar es la complicidad de Paul Von Hindenburg al darle a los nazis los votos necesarios en el Reichtag para que Hitler se convierta finalmente en canciller de Alemania. Si bien la elección fue muy buena para los nazis no fue lo que esperaban. Incluso estaban empezando a perder votos y les costaba cada vez más traccionar a los trabajadores y burgueses en sus movilizaciones. También había un punto clave en la visión del mundo de Hitler que no era compartido entusiastamente ni comprendido plenamente: el lenguaje racista de su darwinismo social, su absoluto antisemitismo, y la rigurosa administración eugenésica que implicaban tales convicciones tal vez hayan movilizado a los verdaderos creyentes pero no a los simpatizantes del partido. Los nazis se distinguieron de otros partidos no por su antisemitismo sino por la novedad que traían en cuanto a una potente visión de futuro. Lo que más atraía de los nazis era su visión de un pueblo unido e integrado en una nación nueva. Los nazis no ganaron votos porque eran similares a partidos tradicionales ultra nacionalistas sino porque eran muy distintos.

Una vez alcanzado el poder los nazis emprendieron su gesta fascista en toda la nación. Este cambio de rumbo tuvo un impacto en las espacios sociales comunes que crecieron durante la guerra y luego se hicieron fuertes durante la revolución de 1918. En cuanto comenzaron a gestionar el estado su prioridad era rearme de la nación y la planificación de una guerra total por el control del espacio vital. Esto provocó un rechazo y sentimientos de desengaño entre sus votantes. Si hubiesen existido nuevas instancias de elecciones es muy probable que los nacionalsocialistas no hubiesen podido repetir los números de enero de 1933. Además existe sobrada evidencia de que los nazis a pesar de su discurso anti casta constituyeron una nueva elite social más corrupta y cruel que la anterior. Pero esta vez ya la sociedad civil no tenía herramientas democráticas ni sociales para evitar la catástrofe fascista. La descomposición social había alejado esa posibilidad antes de 1933. Aún dejando de lado los efectos de la Gran Depresión, la política alemana seguía obedeciendo a un rumbo autoritario poco convencional. En cierto sentido era de esperar que al final del camino apareciera, sino una nueva comunidad fascista, algún tipo de régimen autoritario y militarista. 

En definitiva, los nazis fueron innovadores ideológicos, proponían una visión integrada de nación donde todos sus miembros participaban de un Volk y no quien era cada uno de acuerdo a su pertenencia de clase o de jerarquía de estatus social. Era una reforma que prometía es estabilidad económica y de solidaridad nacional. Pero ésta se basaba en última instancia en la guerra, a tal punto que la comunidad indisolublemente ligada a su síntesis: la muerte. A la vez que los nazis preconizaban un nacionalismo integral de características salvíficas, crearon nuevas categorías de marginados, de enemigos y de víctimas. El libro cierra con una oración lapidaria: 'El nazismo no fue un fenómeno ni accidental ni unánime.'


Comentarios

Entradas populares de este blog

El cáliz y la espada. De Diosas a Dioses: Las Culturas Pre-Patriarcales - Riane Eisler

La inteligencia artificial no piensa. El cerebro tampoco.

La ilusión occidental de la naturaleza humana, comentarios