La fábrica de la infelicidad - Nuevas formas de trabajo y movimiento global
¿Te has sentido agobiado porque el trabajo parece haber ocupado cada momento del día, incluso en tus momentos recreativos? ¿Has llegado al final de la jornada sintiendo que no puedes parar de consumir información? ¿Tenés una sensación de agobio y saturación? Si te sentís identificado con alguna de estas preguntas, es porque estás inmerso en el circuito de la infoproducción: si no estás produciendo información, estás consumiéndola. No hay escapatoria. La máquina no tiene forma física: es una red de sistemas automatizados que se ha integrado a nuestros procesos mentales. Ahora somos trabajadores cognitivos, extensiones humanas de esta maquinaria invisible. En este ensayo, escrito en el año 2000 durante la primavera del hemisferio norte, Berardi anticipó la situación que muchos vivimos veinticinco años después: el semiocapitalismo y la aparición de una nueva clase social, el cognotariado. En la última década del siglo XX, quedaron delineados los caminos que definirían la nueva economía digital y sus efectos en nuestras vidas.
Como trabajador cognitivo (programador de software) considero que Berardi describió con precisión lo que en su momento no eran más que tendencias. Por ejemplo, habla de la imposibilidad de asignar una responsabilidad legal por una decisión a alguien, debido a que los sistemas informáticos y las redes de información han alcanzado un grado de complejidad tan alto que, cuando se toma una decisión, no podemos estar seguros de qué nodo o lugar fue determinada esa acción. Esto tiene implicaciones no sólo legales sino éticas, ya que diluye la responsabilidad individual en un mar de algoritmos y procesos automatizados.
Otro ejemplo que nos ofrece de la crisis de esta nueva economía de la infoproducción es el aumento de la depresión entre los trabajadores cognitivos por la estimulación nerviosa sin fin. Según el autor, alcanzamos niveles de aceleración del proceso de infoproducción que el sistema nervioso se sobrecarga, produciendo un estado de hiperactividad que el cuerpo sensible no soporta, llegando la saturación completa. Esto estaría ocurriendo no sólo por la aceleración de los producción de signos lingüísticos sino por la competencia y el abuso de psicofármacos para mantener la atención. Por lo tanto, la depresión psíquica del trabajador cognitivo individual no es una consecuencia de la crisis económica, sino su causa.
Uno de los conceptos que Berardi desarrolla es el de la infosfera. La infosfera es la interfaz entre el sistema de los medios y la mente que recibe sus señales; es decir, una ecosfera mental en la que los flujos semióticos interactúan con la capacidad receptiva de las mentes diseminadas por el planeta. Este concepto relaciona las redes de computadoras con las interacciones humanas. Desde aquí podemos ver que Berardi está situado en una postura posthumanista.
Según Berardi, la riqueza puede ser considerada como proyección de tiempo acumulado en ganar poder de compra y de consumo, o como capacidad de goce del mundo disponible: tiempo, concentración y libertad. La riqueza entendida como goce disminuye a medida que aumenta la riqueza entendida como acumulación económica, por la sencilla razón de que el tiempo mental es destinado a acumular en vez de a gozar. Desde el otro lado, la riqueza entendida como acumulación aumenta cuando se reduce el placer dispersivo del goce, mientras como consecuencia el sistema nervioso social es sometido a una contracción y a un estrés sin los cuales no puede producirse la acumulación.
¿Qué clase de capitalismo es este? Esta pregunta es válida porque parece que la producción industrial de bienes se ha desplazado tanto que podemos hablar de una nueva modalidad de producción. Según Berardi estamos ante un modalidad específica de valorización económica de las energías sociales e intelectuales y empapa todo el sistema cognitivo de la sociedad, modelando su percepción, su comportamiento. Sin embargo, para el autor no es posible abolir el capital, porque sería abolir una función cognitiva, una modalidad de semiotización encarnada en el cerebro de la sociedad.
El cierre del ensayo es desesperanzador y paralizante. Berardi no parece proponer una salida porque para él no hay un por fuera de los mecanismos de captura del semiocapital. Es más según él "La lógica del bios se introduce en las máquinas al tiempo que la lógica del tecnos se introduce en la vida.", estamos más cerca de ser autómatas que seres humanos. Inclusive llega a afirmar que cualquier forma de resistencia es un modo de alimentar al monstruo. Sin embargo, no deja de ser un libro valioso. Es más, no descarto volver a leerlo en un tiempo para adquirir aún mejor sus conceptos. Esto ha sido una primera lectura. Me queda bastante por descubrir de este autor.

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