La era del individuo tirano. El fin de un mundo común.
Éric Sadin propone una tesis muy simple en este ensayo: vivimos en una época marcada por la hipertrofia del individuo. No es una idea novedosa, ya ha sido discutida por autores como Byung-Chul Han o Franco "Bifo" Berardi. Lo que nos aporta de novedoso Sadin es un abordaje a través de una construcción histórica. Su ensayo retrata distintos hitos de quiebre en los que se fueron desintegrando las prácticas y políticas comunitarias. El proceso arranca, según el autor, con el ciclo neoliberal de los años 80. Sin embargo, también retoma antecedentes políticos anteriores, como la promesa de la democracia liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial y a los movimientos de masas. Esta trayectoria continúa hasta nuestros días, intensificada por la adopción masiva de los teléfonos móviles e internet. Por ejemplo, la relaciones que sostenemos en lo social se ven afectadas por nuestras conductas de consumo más que por nuestra participación política:
"[...] la noción de individualización conoció una primera transformación decisiva, al no ser entendida ya como la facultad de determinarse libremente y en plena conciencia en el seno de la comunidad de seres humanos aptos para gravitar por medio de la deliberación, y también por medio de la acción, sobre el curso de las cosas, sino como una disposición para manifestar prioritariamente por el propio poder de decisión a través del acto de compra [...] El régimen privado se ocuparía más que nunca de organizar el tiempo libre de las personas."
El neoliberalismo no sólo reorganizó la economía, sino que instaló la idea de que cada individuo es una empresa en sí mismo. En la medida que cada persona se siente dueña de la verdad y con derecho a imponerla, el espacio común de diálogo y construcción colectiva se erosiona. En el intercambio de ideas dentro del espacio comunitario tenemos un encuentro de cuerpos. Cuando este encuentro queda mediado por tecnologías, los cuerpos desaparecen. El individuo en una autoexpresión ilimitada se autopercibe empoderado, ahora es la única voz legítima, pero es un empoderamiento ilusorio. En última instancia el mercado va a imponer las condiciones de esa expresividad; se trata más bien de la ideología tecnoliberal. A partir de esta caracterización, Éric Sadin describe varios efectos políticos y sociales:
"El proyecto político del individualismo liberal que, dos siglos antes, había aspirado a la liberación de los seres humanos, ahora se había transformado definitivamente en otro ethos: el de la búsqueda desenfrenada de la singularización de uno mismo con la única finalidad de desmarcarse de la masa, una búsqueda que ahora se veía como la ventaja competitiva determinante. Se forjó entonces por la fuerza de discursos, de las imágenes, de representaciones de todo tipo, pero también a veces por experimentar de modo novedoso ciertas secuencias de la vida cotidiana, un aire de época que llevaba a cada cual a imaginarse dotado de una fuerza casi ilimitada, a considerarse como el primer centro de este nuevo mundo consagrado de ahora en adelante a estar constelado únicamente por nubes de estrellas más o menos resplandecientes."
Experiencia de lectura y reflexiones personales
Con respecto a mi experiencia como lector considero que es un libro que redunda en ejemplos. Algunos capítulos parecen no avanzar hacia alguna idea. Es intencional: por lo que estuve leyendo en otros portales, el autor quiso provocar la sensación de agobio como una escritura performativa. De haberlo sabido antes habría sido más paciente y tal vez habría completado el libro en menos tiempo.
Considero que los autores europeos tienden a ser pesimistas y rechazan rápidamente la capacidad de autoorganización que puede surgir o construirse como resistencias al neoliberalismo. Esto no quiere decir que sus diagnósticos sean errados, no estoy en condiciones de investigar eso. Pero sí puedo decir que parece que están un poco apartados de la acción política del sur global. No tenemos el nivel de desarrollo tecnológico de las potencias industriales, pero sí tenemos sus miasmas en la forma de políticos turboneoliberales. Y al mismo tiempo desarrollamos resiliencias y resistencias desde el humor y la denuncia. Puedo decir que existe un efecto de individualismo tiránico pero también una comunidad política potente que está dispuesta a poner el cuerpo y a reapropiarse de las tecnologías como medios de posibilidad y de organización.
La era del individuo tirano es un ensayo que vale la pena abordar, siempre que el lector sepa de antemano que será un viaje lleno de metáforas, reiteraciones y relecturas críticas de la historia. No es un libro ligero, pero sí nos ofrece una lente potente para pensar cómo pasamos de un sentido común de lo colectivo a un sentido común del individuo como centro político, y qué puede significar esto para las democracias actuales. Incluso, situados en el sur global, podemos tomarlo como un escudo teórico para discutir qué transformaciones hemos atravesado y cuáles podemos enfrentar en el futuro. Ese es, quizá, el mayor valor de este libro.

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